Conocí a Agustí en el rodaje de La plaza del Diamante. Él hacía de figurante y yo de ayudante de producción. Congeniamos enseguida. Me mostró alguno de sus cortos y me llamaron la atención, sobre todo un titulado Al Mayurka, un drama sobre la maternidad, con toques fantásticos y ambientado en su tierra mallorquina.
Durante este tiempo me enseñó el guion y el storyboard de Tras el cristal. Varios productores ya le habían dicho que no. A mí me pareció un guion fascinante. No me lo pensé mucho, me eché a la piscina y monté una productora para hacer esta película.
La película ya era difícil de entrada, pero en el rodaje pasó de todo. Incluso tuvimos que parar el rodaje porque las subvenciones no llegaban a tiempo. Al final recibimos ayudas del ICAA y la Generalitat de Catalunya (entonces todavía no existía la ICEC). Salió adelante y recorrimos más de 15 festivales internacionales, entre ellos la Berlinale, donde un espectador incordiado salió del cine preguntando por el director y cuando lo tuvo delante le propinó un puñetazo. Ahora lo recuerdo medio riendo, pero en el momento no nos hizo nada de gracia. Ahora Tras el cristal está considerada una película de culto del cine español. Estoy profundamente agradecida a Agustí por haberme confiado su ópera delgada.
Más adelante le produje la miniserie Carta a Eva, sobre el viaje de Eva Perón en España. Ganó varios premios internacionales: al Festival de Nueva York, al Festival Internacional de Buenos Aires, al Festival de Hamburgo y al Festival de Montecarlo.
El año pasado volvimos a trabajar juntos con El vientre del mar, quizás su obra más personal e íntima, y que tuvo muy buen recibimiento en el Festival de Málaga.
Pero no solo teníamos una relación laboral. Agustí era un gran amigo, nos queríamos. Estos últimos días en que su dolor era irresistible, todavía tenía ganas de hablar de proyectos futuros. Me comentó que le había pedido a su doctora oncóloga si se podía reorganizar el tratamiento de la quimioterapia para ir a Arabia Saudí a buscar localizaciones. La doctora se limitó a responder: “Un poco lejos, ¿no?”. Agustí también hablaba con entusiasmo de su última película, Loli Tormenta, de la cual tenía pendiente acabar la sonorización.
El cine europeo ha perdido uno de sus grandes directores. Ha sido un gran privilegio poder acompañarlo durante estos años y vivir de cerca su arte, conmovedor y extraordinario.
Buen viaje Agustí, siempre estarás en mis pensamientos. Te quiero.


