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Cortos, pero gigantes

Artículo de Cristina Pineda, productora ejecutiva de Possible Films, para el InfoPROA del 14 de febrero.

Por el 2004 trabajaba de directora de producción en una agencia de publicidad y llegó a mis manos una cinta con un cortometraje: El hombre esponja. En apenas unos minutos me cautivó. La emoción de la historia, la dirección de los personajes, la puesta en escena sobria, pero innovadora. Lo compartí con mis compañeros y, a la que tuvimos la oportunidad, pedimos conocer al director. Llegó a la agencia un chico joven, tímido, pero con seguridad y una camiseta de E.T.: era J. Bayona. 

 El cortometraje sigue siendo, sin lugar a dudas, el preludio de lo que una carrera de un cineasta puede llegar a ser. Es el mejor ejercicio audiovisual para que un director/a pueda plasmar en él su motivación, el género que le mueve y la forma como necesita visualizarlo. Probablemente es el formato audiovisual más libre. El que nos permite ser más auténticos y transmitir de la manera más pura.  

 Es un formato que el sector reconoce como genuino y que, afortunadamente, está siendo cada vez más valorado por las productoras y festivales que, por un lado, queremos ayudar a los directores y las directoras, y por otro, descubrir nuevo talento. 

 Conseguir la financiación, sin embargo, conlleva un sistema de papeleo y de puntuación digno de un pormenorizado estudio, en el que equilibrar la parte artística con la objetiva. Además, la financiación es siempre insuficiente y sólo te permite cubrir esos costes mínimos para poder dar de alta al equipo y negociar con todos los proveedores precios simbólicos.  

 Por supuesto se deberían destinar más recursos para sacar adelante estas historias, pero, por otro lado, se podría estudiar también qué parte de esos recursos se destinan a su difusión fuera de los circuitos de festivales. La calidad narrativa y visual de muchas de estas producciones está a la altura de las mejores salas. Sin embargo, incluso para las personas más cinéfilas, el cortometraje es un auténtico desconocido. Pocas salas tienen circuitos de cortometrajes, y apenas se conocen. Afortunadamente la sensación es que cada vez más algunas plataformas apoyan el formato y el gran consumidor tiene acceso a algunos de estos regalos que directores y directoras emergentes de todo el mundo nos hacen.