Hace un par de años me asocié a PROA. Me ofrecisteis escribir un artículo, pero decliné la propuesta, asaltada por un profundo sentido de impostora. No me sentía capaz de escribir como productora, ya que justo me empezaba a considerar como tal. Ahora aprovecho esta oportunidad como una terapia, escribiendo precisamente sobre el dilema entre considerarse directora, guionista o productora cuando ejerces distintas funciones.
Cuando empecé a escribir y dirigir, me convertí en productora sin quererlo después de intentar encontrar otros productores por el camino. Los primeros contactos con la industria me llevaron a negar en los títulos de crédito el reconocimiento a mi labor como productora: hacer documentales en los que ejerces muchas funciones no podía ser más que una vergüenza. Me encontré pasando del documental a la ficción, escondiéndome siempre tras los nombres de otros. Y así hasta unas cuantas películas después, cuando me quise reivindicar también como productora y finalmente puse mi nombre como tal en los títulos de crédito.
Con el tiempo he comprobado que la industria tiene una parte muy hipócrita: mientras hay programas prestigiosos que te descartan si eres directora y productora, cada vez he visto más compañeros directores y directoras tomando las riendas de producción de sus proyectos, cansados de malas experiencias previas. Y algunos, a quienes consideraba productores puros, pasarse a probar la dirección porque siempre habían deseado hacerlo.
Supongo que cierta madurez me ha ayudado a salir del armario y afirmar, ya sin vergüenza, que soy guionista, directora y productora. Creo que gran parte de la industria aún no tiene suficientemente asumido y naturalizado el hecho de que se pueda ser creativo también en el reparto de cargos. ¡Somos y tenemos que ser una industria creativa, en todos los sentidos!


